Definir la Política Exterior de Estados Unidos no es un asunto sencillo, sin embargo se puede seguir un hilo conductor que se remonta dos siglos atrás. El 2 de diciembre de 2025, la Casa Blanca publicaría un comunicado oficial en donde el presidente electo, Donald Trump, se encargaría de recordar la Doctrina Monroe. Con 202 años de vigencia, el mandatario dedicaría unas palabras a esta reconocida Doctrina estadounidense que dio orígenes a la tan cuestionada política exterior que rige hoy al país.
Partiendo abruptamente con la imposición de aranceles a países principalmente de América Latina, logró generar terror en estas economías domésticas, provocando además incertidumbre en sus mercados y en el futuro del libre comercio internacional. En el caso de Colombia, después del pronunciamiento del presidente Gustavo Petro frente a la deportación en condiciones inhumanas de un grupo de ciudadanos colombianos que se encontraba viviendo en Estados Unidos, en donde se negó a recibir el avión en donde venían esposados como criminales, el presidente Trump decidió por cuenta propia imponer un 25% a los aranceles de todos los productos que se importaran de Colombia. Además apuntó a que podría subirlos a un 50% si Petro no cambiaba su postura y aceptaba los términos de deportación. Con un tono dominante y pujante, Donald Trump comenzaba su estrategia que más tarde escalaría a niveles inesperados.
Simultáneamente, desde la agencia federal del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) encabezado por Kristi Noem y bajo órdenes directas de Donald Trump, iniciarían las redadas, detenciones y operaciones de ICE (Immigration and Customs Enforcement) contra miles de inmigrantes, familias, niños, mujeres que a boca del gobierno de Estados Unidos significan una amenaza a la seguridad nacional del país norteamericano. El fundamento principal fue catalogarlos como inmigrantes ilegales o "Aliens", sin embargo a día de hoy se conocen múltiples casos de ciudadanos legales y nacionalizados estadounidenses con ascendencia de otras partes de América que han sido detenidos por el ICE. Es verdad que en anteriores gobiernos, como el de Barack Obama, también se registraron miles de deportaciones, sin embargo la crítica al actual gobierno ha sido apuntar a la brutalidad, violencia y frialdad con la que los agentes y funcionarios del gobierno operan y manejan la situación migratoria.
La Doctrina Monroe se expuso por primera vez ante el Congreso de los Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823 y fue articulada por el quinto presidente, James Monroe, durante su séptimo discurso anual sobre el Estado de la Unión.
El contexto histórico de la época apuntaba a la reciente independencia de algunos países en el continente americano. Entre estos se encuentran México, la Gran Colombia (Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), Brasil, Perú, Chile, Paraguay, Haití y por supuesto Estados Unidos y a otros que estaban cerca de lograrla. Al mismo tiempo en Europa, las potencias victoriosas emergían del Congreso de Viena (1814-1815), y a raíz del término de las revolucionarias guerras napoleónicas surgía la Santa Alianza entre Rusia, Prusia y Austria para defender el monarquismo. Todos estos sucesos significaron en ese entonces un temor para Estados Unidos del retorno de las potencias coloniales europeas al hemisferio occidental.

Esta necesidad de EUA por impedir que el continente que estaba al otro lado del Océano Atlántico dominara nuevamente sus territorios, los llevó a articular la Doctrina Monroe. El autor de la doctrina fue John Quincy Adams, secretario de Estado y sexto presidente de Estados Unidos, y finalmente aceptada y pronunciada por James Monroe.
El principal objetivo de esta doctrina fue advertir a todas las potencias europeas, haciendo especial énfasis en la Santa Alianza y en Gran Bretaña, que los Estados Unidos tomaban una postura firme en contra del colonialismo europeo en el continente americano. Más explícitamente, hacían referencia a que cualquier intervención en alguno de los países que habían batallado por su independencia significaría un acto potencialmente hostil contra los Estados Unidos. Estas palabras reafirmaban la soberanía, independencia y total autonomía de los territorios americanos frente a Europa.
Sería recién en el siglo XX que la Doctrina Monroe se convertiría en el pilar de seguridad y política expansionista de la futura potencia.
"América para los americanos"
"América para los americanos" es una frase célebre que seguramente todos habrán escuchado. Nació a la par de este contexto con una definición que iría mutando con el tiempo. Si inicialmente esta proclamación sugería la defensa de todas las naciones independientes americanas por parte de EUA, más adelante se tornaría en lo que desde un principio pretendía ser: La defensa de los propios intereses de Estados Unidos.
Con apoyo u omisión de EUA, después de adoptar la Doctrina Monroe se produjeron las tan temidas intervenciones europeas en países americanos. Se puede nombrar algunas como la ocupación de las Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña (1833), el bloqueo de barcos franceses en puertos argentinos (1839-1840), el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata (1845-1850), la invasión española a República Dominicana (1861-1865), la intervención francesa en México (1862-1867), la guerra hispano-sudamericana (1865-1866), la ocupación inglesa de Mosquitia (Región del Caribe) y la ocupación de Guayana Esequiba (Venezuela) por Gran Bretaña (1855).

El Corolario Roosevelt y la política del Gran Garrote
Cabe preguntarse entonces la verdadera intención de la doctrina, teniendo en cuenta que estaba beneficiando unilateralmente a Estados Unidos y afectando al resto del continente a pesar de que en el papel se estableciera la defensa de todos. Para 1904, el presidente Theodore Roosevelt emitió el conocido "Corolario Roosevelt", a raíz del bloqueo naval a Venezuela por potencias europeas a comienzos del siglo XX, estableciendo que "si un país europeo amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno estadounidense estaba obligado a intervenir en los asuntos de ese país para 'reordenarlo', restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas".
De esta manera se fue tejiendo y expandiendo con mayor intensidad la dinámica de la política exterior y la seguridad nacional del país, esclareciendo que lo que verdaderamente se estaba formando era una nación imperialista y colonial. Este corolario supondría realmente el paso libre a Estados Unidos para justificar numerosas intervenciones en América Latina y el Caribe.
A partir de este punto, la política exterior de Estados Unidos dejaría de operar únicamente desde el plano discursivo o doctrinario para convertirse en una práctica sistemática de poder, conocida como la política del Gran Garrote (Big Stick). Más que una doctrina formal, el Gran Garrote representó una lógica de acción: el uso explícito o latente de la fuerza como mecanismo para asegurar la primacía de los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental. La diplomacia pasaba a estar respaldada permanentemente por la amenaza militar, económica o política, configurando una relación profundamente asimétrica entre Estados Unidos y el resto del continente.
Bajo esta lógica, Estados Unidos intervino de manera recurrente en los asuntos internos de los países latinoamericanos, no solo mediante ocupaciones militares, sino también a través del control de aduanas, la imposición de acuerdos desiguales, el respaldo a gobiernos afines y la protección directa de empresas y capitales estadounidenses. La estabilidad regional dejó de definirse en función de la autodeterminación de los pueblos y pasó a interpretarse desde los parámetros de seguridad, orden y rentabilidad establecidos por Washington. En este esquema, cualquier intento de autonomía política o económica podía ser considerado una amenaza que justificara la intervención.
Esta mirada no solo legitimó la injerencia externa, sino que consolidó una visión jerárquica del continente, en la cual Estados Unidos se atribuía el derecho de decidir cuándo y cómo debía restablecerse el orden. De este modo, la política exterior estadounidense adoptó un carácter abiertamente imperial, aunque envuelto en un discurso de protección, estabilidad y responsabilidad internacional.
Esta dinámica marcaría profundamente la historia política de América Latina durante el siglo XX y sentaría un precedente duradero: la normalización del uso de la coerción como herramienta legítima de política exterior. El Gran Garrote no fue un episodio aislado, sino la cristalización de una forma de entender el poder y la seguridad hemisférica que, con adaptaciones y nuevos instrumentos, continúa proyectándose hasta la actualidad.
La Doctrina Monroe en el siglo XXI
De este modo, puede afirmarse que la Doctrina Monroe no solo mantiene su vigencia, sino que fue explícitamente reafirmada en diciembre de 2025 por el presidente Donald Trump, quien sostuvo que los principios enunciados por James Monroe constituían aún la base del accionar estadounidense en materia de seguridad y política exterior. No obstante, dicha reafirmación estuvo acompañada por un tono marcadamente más agresivo y beligerante, al punto de que el propio mandatario introdujo lo que denominó su "Corolario Trump".
"Reforzada por mi Corolario Trump, la Doctrina Monroe sigue vigente, y el liderazgo estadounidense regresa con más fuerza que nunca. Hoy renovamos nuestro compromiso de defender siempre la soberanía, la seguridad y la protección de Estados Unidos como prioridad."

Estas declaraciones no quedaron confinadas al plano discursivo, sino que sentaron las bases políticas y simbólicas de los acontecimientos ocurridos a comienzos de 2026, cuando Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela y Nicolás Maduro fue arrestado y trasladado a instalaciones de la DEA en Nueva York. Más allá de los argumentos utilizados para justificar dicha acción, el episodio puso en evidencia la persistencia de una lógica de intervención unilateral en el hemisferio.
Las reacciones en América Latina y en otras regiones del mundo fueron profundamente divisorias. Sin embargo, más allá de determinar quién tiene razón o quién está equivocado, resulta urgente analizar la convicción con la que el gobierno estadounidense comunica y ejecuta estas políticas. En ese sentido, las declaraciones del secretario de Defensa, Pete Hegseth —quien retomó la célebre frase atribuida a Henry Kissinger al afirmar que "América Latina es el patio trasero de Estados Unidos"— revelan la continuidad de una visión jerárquica del continente.
Conclusión
Tras este recorrido histórico, se impone una pregunta central sobre el futuro de las naciones americanas que lucharon siglos atrás por su independencia. Si la independencia implica la existencia de Estados soberanos, libres y autónomos, resulta imprescindible observar cómo se gestionarán, de ahora en adelante, los desacuerdos y diferendos entre Estados Unidos y aquellos países que no se alineen con sus términos.
Porque si todos los Estados son formalmente soberanos, ¿por qué uno de ellos continúa actuando como el policía del mundo?




